Soy hombre que,
descontento,
no quiero mirar de frente;
en el paso de la gente
el murmullo ni lo siento.
Cambié mi mundo por gloria,
un camino polvoriento
donde a veces voy sediento,
pero es parte de mi historia.
En mi memoria grabada
perpetúa esta tu sonrisa,
cada día menos deprisa
la mecha sigue apagada.
Rebusco por los rincones
un resquicio de mi vida
porque todo no se olvida
cuando se tienen razones.
Por eso sigo soñando
en que llegue esa mañana,
y yo me arranque esa cana
que me estaba molestando.
Por eso te guardo siempre
y te avivo con pasión,
y no pierdo la ilusión
de poder volver a verte
dormida en mi corazón.

La casa, la parra, la viña,
la tierra, al fondo la sierra
bonita y callada.
Un montón de paja, 
la leña apilada,
un pico, una pala, un hacha olvidada.
Un pozo, un cubo oxidado,
una soga rota, un viejo arado.
Un manzano solo,
un almendro al lado,
un peral desnudo,
un rosal podado.
Al fondo una cuadra,
ronronea un gato,
rebuzna un burro,
picotea un pato.
Una oveja sola, un caballo flaco,
una vaca gorda comiendo de un saco.
Pienso, mucho pienso,
harina y buen grano,
mira si son tiernos:
comen de la mano.
Todo es un tesoro, lo dejó mi abuelo,
también dejó un loro
que baila en el suelo.
Me dejó el paraje,
también dejó el viento,
que a mí me susurra
en todo momento.
Todo son recuerdos
de su propia vida,
dame lo que quiero,
pida lo que pida.
En su mecedora 
me quedo sentado,
sintiendo que, a veces,
se sienta a mi lado.

Esta noche necesito una copa,
una mano que me quite la ropa
unos labios que beban de mi boca
una mirada que note que me toca.
Unas palabras que susurren ternura,
un sentimiento que en la noche perdura
un remiendo que necesita costura
y una herida, puntos de sutura.
Tú eres ese fiel costurero
que a esta rosa siempre puso agua en su florero,
que en mi corazón grabó un “te quiero”,
con su pluma y su tintero.
Que abrió sus manos para acogerme,
siguió mis pasos para no perderme,
fue mi leño para encenderme,
yo soy tu río para beberme.
Yo soy tu piel para taparte,
tu puerto para amarrarte
mi boca para besarte
mi vida para amarte.

Hay risa porque te añoro
en mis labios despertar,
eres bendito tesoro
muy difícil de olvidar.
Una sonrisa es ternura
a los ojos de quién mira
y en mi corazón perdura,
como en tu boca respira.
Mueca en la cara graciosa
que me hace más risueño
y aun se queda cuando sueño,
pizpireta misteriosa.
Gracias a tu sonreír
llevo la vida más amena,
se me quita la pena…
Gracias por tenerte ahí.

Tú, en tu mente
de frágil cristal,
en tus sueños rotos
por despertar antes;
cierras los ojos,
pero no estás dormida.
Eres aire
en la habitación callada.
Quieres dormir
y te invaden momentos
que no son necesarios
que pasen en tu mente;
tú los quieres echar,
pero siguen ahí,
solo tú sabes
lo que sientes, mi vida.
Yo solo sé
que te encuentras perdida
y por mucho que yo quiera
enseñarte el camino,
hasta que no lo encuentres,
no tendrás salida.

Qué quieres que te diga,
vivo del sentimiento;
me gusta que me eches
en el cogote tu aliento.
Que se enreden tus dedos
en la mata de mi pelo,
que me des esos besos
con sabor a caramelo.
Que saltes,
que brinques,
que rompas el hielo,
que grites mi nombre
y se escuche en el cielo.
Que tu risa dulce
invada la estancia,
que vea en tus ojos
calor y esperanza.
Que es una flecha,
que no es una lanza
lo que tira Cupido
y tu corazón alcanza.
Eres la fé
que mis pasos siguen,
eres el jardín
por el que mis ojos viven.
Mirando tu encanto
me paso el día:
eres mi diva
eres mi poesía.
Simplemente fluye tu amor
por mis venas,
recorres mi cuerpo
como una sirena
en mar abierto,
quitando la pena de mi pensamiento.
Por ti vivo
por ti siento:
eres mi viento,
el que me bebo
impregnado en tus besos.
Y con todo esto
quiero decirte que eres
todo para mí en este momento.
Que sea un momento infinito,
te necesito
en los renglones de mi vida;
haz que no se acabe
el cuaderno
y que siga escribiendo
para ti cada noche.

Ingrata soledad que me acompaña,
se resiente el pasado
en cada instante.
Sueños quedan dormidos en el alma;
risas revolotean por el aire.
Yo que nunca estuve sola
ni en la callada tarde…
Fui pispireta, divertida,
incluso apasionante,
rodeada de gente todos los días:
la familia querida te acompaña…
Y ahora sola en un rincón,
como una araña.
Tejo solo por matar el tiempo,
entre paredes que me conocen
más que nadie.
Esperando a la noche
que me inunde entre sueños
que me hagan sentirme viva.
Pero al abrir mis ojos
en la mañana y el Sol recorre
el rostro de mi vida,
doy gracias por un nuevo día.