No hay rosa en un jardín florido
que no sea admirada por la gente,
que murmulla a su lado la fuente
reflejando en su agua el colorido.
Eres celestial, diosa de colores,
que engalanas la reja donde posas,
maravilla disfrutar de tantas rosas
invaden mi nariz con sus olores.
Como corteja el galán,
con una rosa a su amada
en los tiempos de Don Juan.
Aunque la rosa arrancada
cual la fuerza de un imán,
va atrayendo tu mirada.

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Esta noche necesito una copa,
una mano que me quite la ropa
unos labios que beban de mi boca
una mirada que note que me toca.
Unas palabras que susurren ternura,
un sentimiento que en la noche perdura
un remiendo que necesita costura
y una herida, puntos de sutura.
Tú eres ese fiel costurero
que a esta rosa siempre puso agua en su florero,
que en mi corazón grabó un “te quiero”,
con su pluma y su tintero.
Que abrió sus manos para acogerme,
siguió mis pasos para no perderme,
fue mi leño para encenderme,
yo soy tu río para beberme.
Yo soy tu piel para taparte,
tu puerto para amarrarte
mi boca para besarte
mi vida para amarte.

El amor es un verso
que sale de tus labios,
buscando el universo
para poder besarlos.
Besarlos suavemente,
desnudándolo a besos
sin pensar en la gente:
sentirse los dos presos.
Presos en una misma boca,
en un solo jadeo;
esto es lo que me toca
siempre que a ti te veo.
Te veo, mujer hermosa,
y paseo por tu cuerpo,
voy buscando esa rosa
que da fragancia al tiempo.
Al tiempo que llevamos
juntando nuestras manos,
siempre que nos miramos…
callamos y callamos.