Hoy escribo estos versos
preso de mi mentira,
sin pensar en el secreto
que ellos pueden guardar.
No pensé en el momento
que estallara la ira:
no soy de recibir,
soy más hombre de dar.
Qué tengo para darte,
me preguntas, muchacha;
pues ahora mismo nada,
simplemente el mirar.
Pero si tú me miras,
verás en mi mirada
aguas limpias y claras,
fluyen de un manantial.
Si tus labios quisieran
beber de estas mis aguas
y apagarte la sed
que tienes de verdad,
comprenderías del todo
que te daría mi vida,
es solo lo que tengo:
no puedo darte más.
Pero mi vida es eso,
vivir contigo un reto,
y moriré contigo
guardando tu secreto.
Y soñaré las horas
para volver a verte.
Y buscaré en la noche
tentándole a la suerte,
porque eres esa musa
que aclara mi conciencia,
que invade de fragancia
la dulce habitación.
Nunca serás intrusa
de esta mi cabecera,
porque llenas de luz
hasta un mero rincón.
Por eso eres la amiga
que tanto necesito,
esa rosa preciosa
que adorna mi jardín,
y con un solo grito
que salga de tu boca,
iré corriendo a ti.

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Soy hombre que,
descontento,
no quiero mirar de frente;
en el paso de la gente
el murmullo ni lo siento.
Cambié mi mundo por gloria,
un camino polvoriento
donde a veces voy sediento,
pero es parte de mi historia.
En mi memoria grabada
perpetúa esta tu sonrisa,
cada día menos deprisa
la mecha sigue apagada.
Rebusco por los rincones
un resquicio de mi vida
porque todo no se olvida
cuando se tienen razones.
Por eso sigo soñando
en que llegue esa mañana,
y yo me arranque esa cana
que me estaba molestando.
Por eso te guardo siempre
y te avivo con pasión,
y no pierdo la ilusión
de poder volver a verte
dormida en mi corazón.

Viviré,
aunque me lo pongas
tan difícil y me hieran
tus cartas mis adentros,
juro y te juro por momentos
que aunque me cueste,
seguiré sonriendo.
Una lágrima mía será lluvia
que recorra mi cara
paso a paso,
y si hay que beber
llenaría un vaso,
para apagar la sed
de mi amargura.
Pero tú no te reirás
de mi fracaso,
y aunque es muy lenta
muy lenta
mi carrera, te juro
que no llegaré primero,
pero sí dejo huella
en cada paso.

Te dedico este soneto
a estas horas de la noche,
poder decir sin reproche
que no me he quedado quieto.
Te regalaré la Luna,
como joya que es preciosa
no tiene envidia a la rosa,
yo sí que tengo fortuna.
Mi mirada al contemplarte
te trata con el cariño
que quisiera acariciarte.
Luna, eres arte,
yo siempre seré ese niño
que siempre quiso tocarte.

No hay rosa en un jardín florido
que no sea admirada por la gente,
que murmulla a su lado la fuente
reflejando en su agua el colorido.
Eres celestial, diosa de colores,
que engalanas la reja donde posas,
maravilla disfrutar de tantas rosas
invaden mi nariz con sus olores.
Como corteja el galán,
con una rosa a su amada
en los tiempos de Don Juan.
Aunque la rosa arrancada
cual la fuerza de un imán,
va atrayendo tu mirada.

Si pudiera decirte
lo que siento,
amada mía,
de verdad que lo sintiera
que tanto tiempo
tan largo de espera,
enfría el aire
y se convierte en viento.
Las palabras que callan
mueren sordas, pero mi amor,
que siento si te miro
no dejar escapar este suspiro,
aunque con tu mirada
me desbordas.
Que diera por decirte yo
un te quiero,
pagarlo con mi vida
simplemente, y no
tenerlo que pagarlo
con dinero.
Se siente el murmullo
de la gente.
Si sabe que yo
llegué primero,
entonces por qué miente.

Recuerdo tu mirada incandescente
penetrando en mi cuerpo introvertido,
de tu boca se escapa un alarido,
calla o nos descubrirá la gente.
Dentro de este zaguán descolorido
el amor ganaba la batalla,
el corazón por segundos estalla,
sentirte es lo vivido.
Los besos se escapan de tus labios
como cual mariposas van volando,
acarician mi piel, la van tocando,
quiero pedir consejo a aquellos sabios
por no poder parar este deseo,
parece que el amor se me desboca,
no puedo soltarme de tu boca,
quizás pueda pensar que esto esté feo…
pero así es el amor que te trastoca,
llegando los dos a la locura
contemplando desnuda tu hermosura,
¡viva la vida loca!