No son momentos claros
ni ilusiones perdidas
ni heridas que se cierran
con tan solo coser.
Necesitan su tiempo,
quizá la medicina;
tú la puedes beber
sin olvidar sus dedos,
como una pluma fina
recorriendo tu piel.
Dibujando en tu espalda
corazones de fuego,
el calor llega al pecho;
él apaga tu alma
con tan solo beber
de tus labios de escarcha.
Pero se fue,
y con él sus noches,
pero no sus recuerdos.
En la estancia quedó
su perfume grabado
y una música tenue
divaga en el ambiente.
Tus ojos se clavaron
en su fotografía,
parece que dormirán ahí
esta noche,
como tantas noches
dormiste en sus brazos.

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