A la orilla de un río,
dictándome el murmullo
de las aguas,
empecé a escribirte
este poema.
Quizás la musa se desvanece
invisible a mis ojos cada día,
permitió que engalanara
tu figura,
entre pájaros
que cantan de la nada
y el eco vello
lo transforma en melodía.
Habita en mí
parte de ti en silencio,
como yo intento fundirme
en este entorno,
donde el tiempo
quedó sin pasar hora
enmudeciendo todo mi pasado
y regalándome la paz
más infinita.

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Soy hombre que,
descontento,
no quiero mirar de frente;
en el paso de la gente
el murmullo ni lo siento.
Cambié mi mundo por gloria,
un camino polvoriento
donde a veces voy sediento,
pero es parte de mi historia.
En mi memoria grabada
perpetúa esta tu sonrisa,
cada día menos deprisa
la mecha sigue apagada.
Rebusco por los rincones
un resquicio de mi vida
porque todo no se olvida
cuando se tienen razones.
Por eso sigo soñando
en que llegue esa mañana,
y yo me arranque esa cana
que me estaba molestando.
Por eso te guardo siempre
y te avivo con pasión,
y no pierdo la ilusión
de poder volver a verte
dormida en mi corazón.