Soy hombre que,
descontento,
no quiero mirar de frente;
en el paso de la gente
el murmullo ni lo siento.
Cambié mi mundo por gloria,
un camino polvoriento
donde a veces voy sediento,
pero es parte de mi historia.
En mi memoria grabada
perpetúa esta tu sonrisa,
cada día menos deprisa
la mecha sigue apagada.
Rebusco por los rincones
un resquicio de mi vida
porque todo no se olvida
cuando se tienen razones.
Por eso sigo soñando
en que llegue esa mañana,
y yo me arranque esa cana
que me estaba molestando.
Por eso te guardo siempre
y te avivo con pasión,
y no pierdo la ilusión
de poder volver a verte
dormida en mi corazón.

La niña jugaba sola
con su muñeca de trapo.
Se sentó un niño a su lado;
está cubierto de harapos.
Ella le miró callada
y le acercó su muñeca,
él la cogió entre sus manos
mirándola muy de cerca.
La llevo hasta su pecho,
en sus brazos la acunaba,
dormida quedó en el lecho
mientras la niña cantaba.
A la nana, nana:
duerme muñeca,
en los brazos del niño
estás muy quieta.
Duerme, mi vida;
duerme, mi amor;
que mi niño te ha puesto
de cabecera su corazón.
El niño miró a la niña
ya que de su cuello colgaba
una medalla que brilla,
igual que la que él llevaba.
Echó su mano a cogerla;
la madre, que estaba sentada
fue corriendo hacia los niños,
pensando que la robaba.
¿Qué hacías?, le preguntó.
El niño no contestaba
y la niña señaló
en su cuello la medalla.
De los ojos de la madre
dos lágrimas resbalan,
porque las dos son iguales
con una letra grabada.
La madre lo abrazó fuerte:
sabía porque no hablaba,
porque nació sordomudo
un lunes de madrugada.
El día que se perdió
por mucho que le llamaran
no pudo escuchar la voz
de aquellos que le buscaban.
Acogido en un hospicio
pasó varias temporadas,
donde le daban comida
y le lavaban la cara.
Pero un día decidió
ir en busca de su casa:
en una noche de estrellas
se escapó por la ventana.
Estuvo vagando solo,
pero llamó su atención
la muñeca de la niña,
que jugaba en un rincón.
Se acercó y era la suya,
con el mismo camisón,
los ojos en forma de luna
y le faltaba un mechón.
La madre coge a los niños,
a su casa los llevó.
Todo el rato mira al cielo
y le da gracias a Dios.