Te dedico este soneto
a estas horas de la noche,
poder decir sin reproche
que no me he quedado quieto.
Te regalaré la Luna,
como joya que es preciosa
no tiene envidia a la rosa,
yo sí que tengo fortuna.
Mi mirada al contemplarte
te trata con el cariño
que quisiera acariciarte.
Luna, eres arte,
yo siempre seré ese niño
que siempre quiso tocarte.

Apostaré por tus besos
esta moneda que me queda,
y te aseguro
que ganaré la carrera.
Despacio, sin prisa:
que sepas que me encanta
el sonido de tu risa;
cual mariposa embellece su jardín,
más si se posa en la rosa.
Y a lo lejos un violín
con su dulce melodía,
esplendor de quien lo toca…
¡Cómo me gusta tu boca,
a ti te gusta la mía!
Por eso me siento preso
en tu corazón, quimera,
sellaría con un beso
el largo tiempo de espera.
Pero mereció la pena
sentir como llora un niño,
y abrazarlo con cariño
los tres, sentados en la arena.