Era fuente de deseo
la boca donde veía,
el paisaje era un paseo
y los besos que caían
revolotean en el suelo.
Como dulces pajarillos
se enlazan eternamente,
parecemos dos chiquillos,
no nos importa la gente
cuando allí brota el cariño.
Tu mirar era una hoguera
y la brasa que surgía,
aun siendo la vez primera,
no quema, mas me atraía
y el corazón que latía
de mi boca salía
para que tú lo cogieras.
Cuídalo como tú debes,
un regalo tan preciado,
acuérdate cuando bebes
que aquello que es regalado,
que es de verdad y se mueve
no es juguete ni ilusión,
es mi vida, compañera,
no entres en la confusión
de guardarlo en la nevera
pues se congela el amor.
Pero yo sé, vida mía,
que tú eres esa prosa
con la carita de rosa
que en tus sueños yo dormía.
Cuando yo desperté
a tu lado estaba casado,
a nuestro lado un bebé
lloraba constantemente,
mira el tiempo que ha pasado,
dos corazones latentes,
unidos por la pasión.
Y es que llevas razón,
que mi sino era quererte.

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Te dedico este soneto
a estas horas de la noche,
poder decir sin reproche
que no me he quedado quieto.
Te regalaré la Luna,
como joya que es preciosa
no tiene envidia a la rosa,
yo sí que tengo fortuna.
Mi mirada al contemplarte
te trata con el cariño
que quisiera acariciarte.
Luna, eres arte,
yo siempre seré ese niño
que siempre quiso tocarte.

Apostaré por tus besos
esta moneda que me queda,
y te aseguro
que ganaré la carrera.
Despacio, sin prisa:
que sepas que me encanta
el sonido de tu risa;
cual mariposa embellece su jardín,
más si se posa en la rosa.
Y a lo lejos un violín
con su dulce melodía,
esplendor de quien lo toca…
¡Cómo me gusta tu boca,
a ti te gusta la mía!
Por eso me siento preso
en tu corazón, quimera,
sellaría con un beso
el largo tiempo de espera.
Pero mereció la pena
sentir como llora un niño,
y abrazarlo con cariño
los tres, sentados en la arena.