No son momentos claros
ni ilusiones perdidas
ni heridas que se cierran
con tan solo coser.
Necesitan su tiempo,
quizá la medicina;
tú la puedes beber
sin olvidar sus dedos,
como una pluma fina
recorriendo tu piel.
Dibujando en tu espalda
corazones de fuego,
el calor llega al pecho;
él apaga tu alma
con tan solo beber
de tus labios de escarcha.
Pero se fue,
y con él sus noches,
pero no sus recuerdos.
En la estancia quedó
su perfume grabado
y una música tenue
divaga en el ambiente.
Tus ojos se clavaron
en su fotografía,
parece que dormirán ahí
esta noche,
como tantas noches
dormiste en sus brazos.

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Qué quieres que te diga,
vivo del sentimiento;
me gusta que me eches
en el cogote tu aliento.
Que se enreden tus dedos
en la mata de mi pelo,
que me des esos besos
con sabor a caramelo.
Que saltes,
que brinques,
que rompas el hielo,
que grites mi nombre
y se escuche en el cielo.
Que tu risa dulce
invada la estancia,
que vea en tus ojos
calor y esperanza.
Que es una flecha,
que no es una lanza
lo que tira Cupido
y tu corazón alcanza.
Eres la fé
que mis pasos siguen,
eres el jardín
por el que mis ojos viven.
Mirando tu encanto
me paso el día:
eres mi diva
eres mi poesía.
Simplemente fluye tu amor
por mis venas,
recorres mi cuerpo
como una sirena
en mar abierto,
quitando la pena de mi pensamiento.
Por ti vivo
por ti siento:
eres mi viento,
el que me bebo
impregnado en tus besos.
Y con todo esto
quiero decirte que eres
todo para mí en este momento.
Que sea un momento infinito,
te necesito
en los renglones de mi vida;
haz que no se acabe
el cuaderno
y que siga escribiendo
para ti cada noche.