Era fuente de deseo
la boca donde veía,
el paisaje era un paseo
y los besos que caían
revolotean en el suelo.
Como dulces pajarillos
se enlazan eternamente,
parecemos dos chiquillos,
no nos importa la gente
cuando allí brota el cariño.
Tu mirar era una hoguera
y la brasa que surgía,
aun siendo la vez primera,
no quema, mas me atraía
y el corazón que latía
de mi boca salía
para que tú lo cogieras.
Cuídalo como tú debes,
un regalo tan preciado,
acuérdate cuando bebes
que aquello que es regalado,
que es de verdad y se mueve
no es juguete ni ilusión,
es mi vida, compañera,
no entres en la confusión
de guardarlo en la nevera
pues se congela el amor.
Pero yo sé, vida mía,
que tú eres esa prosa
con la carita de rosa
que en tus sueños yo dormía.
Cuando yo desperté
a tu lado estaba casado,
a nuestro lado un bebé
lloraba constantemente,
mira el tiempo que ha pasado,
dos corazones latentes,
unidos por la pasión.
Y es que llevas razón,
que mi sino era quererte.

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Hoy escribo estos versos
preso de mi mentira,
sin pensar en el secreto
que ellos pueden guardar.
No pensé en el momento
que estallara la ira:
no soy de recibir,
soy más hombre de dar.
Qué tengo para darte,
me preguntas, muchacha;
pues ahora mismo nada,
simplemente el mirar.
Pero si tú me miras,
verás en mi mirada
aguas limpias y claras,
fluyen de un manantial.
Si tus labios quisieran
beber de estas mis aguas
y apagarte la sed
que tienes de verdad,
comprenderías del todo
que te daría mi vida,
es solo lo que tengo:
no puedo darte más.
Pero mi vida es eso,
vivir contigo un reto,
y moriré contigo
guardando tu secreto.
Y soñaré las horas
para volver a verte.
Y buscaré en la noche
tentándole a la suerte,
porque eres esa musa
que aclara mi conciencia,
que invade de fragancia
la dulce habitación.
Nunca serás intrusa
de esta mi cabecera,
porque llenas de luz
hasta un mero rincón.
Por eso eres la amiga
que tanto necesito,
esa rosa preciosa
que adorna mi jardín,
y con un solo grito
que salga de tu boca,
iré corriendo a ti.

Si pudiera decirte
lo que siento,
amada mía,
de verdad que lo sintiera
que tanto tiempo
tan largo de espera,
enfría el aire
y se convierte en viento.
Las palabras que callan
mueren sordas, pero mi amor,
que siento si te miro
no dejar escapar este suspiro,
aunque con tu mirada
me desbordas.
Que diera por decirte yo
un te quiero,
pagarlo con mi vida
simplemente, y no
tenerlo que pagarlo
con dinero.
Se siente el murmullo
de la gente.
Si sabe que yo
llegué primero,
entonces por qué miente.

Recuerdo tu mirada incandescente
penetrando en mi cuerpo introvertido,
de tu boca se escapa un alarido,
calla o nos descubrirá la gente.
Dentro de este zaguán descolorido
el amor ganaba la batalla,
el corazón por segundos estalla,
sentirte es lo vivido.
Los besos se escapan de tus labios
como cual mariposas van volando,
acarician mi piel, la van tocando,
quiero pedir consejo a aquellos sabios
por no poder parar este deseo,
parece que el amor se me desboca,
no puedo soltarme de tu boca,
quizás pueda pensar que esto esté feo…
pero así es el amor que te trastoca,
llegando los dos a la locura
contemplando desnuda tu hermosura,
¡viva la vida loca!

Esta noche necesito una copa,
una mano que me quite la ropa
unos labios que beban de mi boca
una mirada que note que me toca.
Unas palabras que susurren ternura,
un sentimiento que en la noche perdura
un remiendo que necesita costura
y una herida, puntos de sutura.
Tú eres ese fiel costurero
que a esta rosa siempre puso agua en su florero,
que en mi corazón grabó un “te quiero”,
con su pluma y su tintero.
Que abrió sus manos para acogerme,
siguió mis pasos para no perderme,
fue mi leño para encenderme,
yo soy tu río para beberme.
Yo soy tu piel para taparte,
tu puerto para amarrarte
mi boca para besarte
mi vida para amarte.

Soñaré contigo.
Aún me quedan recuerdos,
sigues siendo mi abrigo
en mis noches de invierno.
Qué difícil borrar
ese tiempo vivido,
ya dejé de llorar
ahora solamente vivo.
No quiero sentir
que te he olvidado,
no quiero mentir
que haya pasado.
Solamente las horas,
los momentos…
Pueden viajar esporas
con los vientos.
Pero cada palabra
aún resuena
en el pasadizo de mi oreja.
Susurros de amor
que aún olvidados
siguen en mi cabeza.

Trovaré el último verso
que de mis labios nace.
Deleitaré el momento
en que las notas tracen.
Pensaré en el camino
que lleven los ríos,
y ver que mis pisadas
no fueron sin sentido.
Te miraré a los ojos
y escribiré un poema
dentro de tu pupila,
para que siempre lo leas.
Recorreré tu cuerpo 
grabando una sonrisa,
despacio, muy despacio,
pues no tenemos prisa.
Cabalgaremos la noche
a lomos de una nube;
baja, que baja
sube, que sube.
Alumbrará una estrella
un pequeño sendero.
Gritaré a voces
mil veces que te quiero.