La casa, la parra, la viña,
la tierra, al fondo la sierra
bonita y callada.
Un montón de paja, 
la leña apilada,
un pico, una pala, un hacha olvidada.
Un pozo, un cubo oxidado,
una soga rota, un viejo arado.
Un manzano solo,
un almendro al lado,
un peral desnudo,
un rosal podado.
Al fondo una cuadra,
ronronea un gato,
rebuzna un burro,
picotea un pato.
Una oveja sola, un caballo flaco,
una vaca gorda comiendo de un saco.
Pienso, mucho pienso,
harina y buen grano,
mira si son tiernos:
comen de la mano.
Todo es un tesoro, lo dejó mi abuelo,
también dejó un loro
que baila en el suelo.
Me dejó el paraje,
también dejó el viento,
que a mí me susurra
en todo momento.
Todo son recuerdos
de su propia vida,
dame lo que quiero,
pida lo que pida.
En su mecedora 
me quedo sentado,
sintiendo que, a veces,
se sienta a mi lado.
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Gotitas de rocío,
bonitos despertares
de estos recuerdos míos.
Olivo tras olivo
dando sombra
a mi abuelo,
que siempre va conmigo.
Sol que colmas
mis ansias de camino;
ayuda al pajarillo
que con su dulce trino
acompaña mis pasos.
Mi mañana,
mis años divinos…
Allí tras una viña,
un arroyo escondido,
los ojos de una niña,
son los amores míos.

Tengo para regalarte
lo que me enseñó mi abuelo:
para dormir tengo la Tierra,
y para taparme el Cielo.
Las estrellas son bombillas
que iluminan nuestros sueños;
unos son maravillosos
y otros peligros intensos.
Caminos que recorrer,
barquitos que mueve el viento…
Si quieres que yo te cuente,
contaré un bonito cuento,
donde tú eres la princesa
y yo soy el lobo hambriento,
que comiendo de tu mano
quedaré en un perro siervo.
Seré guardián de tu día,
de noche tus aposentos.
Iré adonde tú me lleves,
sumiso y siempre contento,
pero no olvides princesa,
que soy perro
y también muerdo.
Pero eres tan dulce y bella
que cuando te miro me siento
por ver lucir una estrella:
que va a la merced del viento.