Si pudiera decirte
lo que siento,
amada mía,
de verdad que lo sintiera
que tanto tiempo
tan largo de espera,
enfría el aire
y se convierte en viento.
Las palabras que callan
mueren sordas, pero mi amor,
que siento si te miro
no dejar escapar este suspiro,
aunque con tu mirada
me desbordas.
Que diera por decirte yo
un te quiero,
pagarlo con mi vida
simplemente, y no
tenerlo que pagarlo
con dinero.
Se siente el murmullo
de la gente.
Si sabe que yo
llegué primero,
entonces por qué miente.

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Recuerdo tu mirada incandescente
penetrando en mi cuerpo introvertido,
de tu boca se escapa un alarido,
calla o nos descubrirá la gente.
Dentro de este zaguán descolorido
el amor ganaba la batalla,
el corazón por segundos estalla,
sentirte es lo vivido.
Los besos se escapan de tus labios
como cual mariposas van volando,
acarician mi piel, la van tocando,
quiero pedir consejo a aquellos sabios
por no poder parar este deseo,
parece que el amor se me desboca,
no puedo soltarme de tu boca,
quizás pueda pensar que esto esté feo…
pero así es el amor que te trastoca,
llegando los dos a la locura
contemplando desnuda tu hermosura,
¡viva la vida loca!

La casa, la parra, la viña,
la tierra, al fondo la sierra
bonita y callada.
Un montón de paja, 
la leña apilada,
un pico, una pala, un hacha olvidada.
Un pozo, un cubo oxidado,
una soga rota, un viejo arado.
Un manzano solo,
un almendro al lado,
un peral desnudo,
un rosal podado.
Al fondo una cuadra,
ronronea un gato,
rebuzna un burro,
picotea un pato.
Una oveja sola, un caballo flaco,
una vaca gorda comiendo de un saco.
Pienso, mucho pienso,
harina y buen grano,
mira si son tiernos:
comen de la mano.
Todo es un tesoro, lo dejó mi abuelo,
también dejó un loro
que baila en el suelo.
Me dejó el paraje,
también dejó el viento,
que a mí me susurra
en todo momento.
Todo son recuerdos
de su propia vida,
dame lo que quiero,
pida lo que pida.
En su mecedora 
me quedo sentado,
sintiendo que, a veces,
se sienta a mi lado.

Palomita, no te pares.
Vuela, vuela sin cesar
que ya te queda poquito
para tu casa llegar.
Vas cansada y sin aliento
y te va empujando el viento,
ayudante que es leal;
no te asusta la carrera,
ni dejas de pelear.
Con tus alas abiertas
vas abriendo todas las puertas
que te puedes encontrar,
eres ave temerosa
muy poquito caprichosa,
perseverante y tenaz.
Ya llegaste a aquella rama
que a ti te sirve de cama
para poder descansar,
y te llaman tus polluelos
con un enorme revuelo:
ya llegó nuestra mamá.

En la mirada guardo tus ojos,
en mi corazón tus palabras,
en mi mente guardo tus sueños
y por mi piel tus caricias vagan.
No importa lo que fuimos,
si no lo que vivimos,
dándole todo al todo,
luchando codo con codo.
Amamos el momento
y así nos lo bebimos,
compartimos la copa
que a besos la arrebata
exprimiendo esa gota,
que del cristal se escapa.
Fuimos la transparencia
la unión en la distancia,
fuimos el mismo peso
puesto en la balanza.
Aún te sigo queriendo
como el cuño se queda,
al paso de los años
grabado en la moneda.

Recuerdo aquella casa,
recuerdo aquella mirada
que aún en el paso del tiempo
sigue grabada en el alma.
Recuerdo las callejuelas,
la puerta, la entrada,
los jardines con sus rosas,
aquella calle empedrada.
El muro que salté tanto,
sin miedo a que tropezara
y si alguna vez caí,
yo solo me levantaba.
Donde aprendí a ser niño,
en las calles que jugaba,
con barro, palos y piedras
o todo lo que encontraba.
Buscábamos lagartijas,
jugábamos a batallas,
hacíamos de sabandijas
y le echábamos agallas.
Aprendimos los valores
el respeto y la palabra,
respetábamos las flores,
escuchamos a quien habla.
Ahora nos queda la esencia
de una infancia disfrutada,
de un esfuerzo consentido,
de una huella en la pisada.

La noche.

Se escapó la magia de mis dedos,
mi cabeza no pensaba
no me fluyen mis latidos,
ni siquiera las palabras.
Se esfumó el tiempo a minutos,
mientras las horas pasaban
y allí está callada ella,
como sombra negra y larga.
Apagó la luz del Sol,
dueña se hizo hasta el alba,
desapareció despacio
abriendo la madrugada
y cuando ya se veía,
rendido me fui a la cama.