Mamá, te canto una nana
igual que siendo pequeño
para dormir me cantabas.
Tu voz era el susurro
de un arroyo que pasaba
cuando quedaba dormido,
con mariposas soñaba.
Luego sentía la brisa
de la manta que me arropa,
en mi cara una sonrisa
se escapaba de mi boca.
Y como cual centinela
que guarda lo más valioso,
cuando apagabas la vela
yo me abrazaba a mi oso.
Mamá, quiero cantarte una nana,
déjame que te acurruque
entre mis manos, mi hada.
Déjame que te susurre
como tú me susurrabas,
y que acaricie tu pelo
como tú me lo tocabas.
Para que quedes dormida,
como yo dormía
hasta el alba.

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Hoy soñé con una barca.
Las olas no la dejan
acercarse a la orilla,
su madera grita
su madera chilla
cada embestida de agua.
Responde triunfadora
gracias a su marinero
que llora
por el miedo a perderla,
por el miedo
a perderse con ella;
pero nunca la dejará sola.

El sol penetra en tus entrañas como una espada,
caes al suelo arrodillado pero no vencido.
Quizás estés rezando tu última plegaria,
las manos en el suelo
mirando al cielo
buscando entre las nubes la imagen salvadora.
Piensas que has sido un buen guerrero,
una buena persona, pero eso lo tiene que dictar él.
No tú.
No te canses de buscar,
al fin encontrarás la paz en tu corazón.
Vive y deja vivir, sueña y deja soñar:
ese es el camino, simplemente síguelo.
Levanta tus rodillas y camina
aunque el cansancio ahogue tus latidos, es largo
y aquí aún no termina, acuérdate
de aquellos vencidos que aún hacen historia en esta vida.

Perdón por la ausencia
en todo este tiempo,
aparcar mis letras
fue puro silencio.
Al callar el alma
se me fue el secreto,
todas mis palabras
quedaron durmiendo.
Hoy he despertado
gritándole al viento,
dejando mi huella
porque es lo que siento.
Buscando mi estrella,
mirando en el cielo,
me fijé que es bella
la tierra del suelo.
Y en cada pisada
te prometo un verso,
te prometo vida,
seguir escribiendo.

A la orilla de un río,
dictándome el murmullo
de las aguas,
empecé a escribirte
este poema.
Quizás la musa se desvanece
invisible a mis ojos cada día,
permitió que engalanara
tu figura,
entre pájaros
que cantan de la nada
y el eco vello
lo transforma en melodía.
Habita en mí
parte de ti en silencio,
como yo intento fundirme
en este entorno,
donde el tiempo
quedó sin pasar hora
enmudeciendo todo mi pasado
y regalándome la paz
más infinita.

Viviré,
aunque me lo pongas
tan difícil y me hieran
tus cartas mis adentros,
juro y te juro por momentos
que aunque me cueste,
seguiré sonriendo.
Una lágrima mía será lluvia
que recorra mi cara
paso a paso,
y si hay que beber
llenaría un vaso,
para apagar la sed
de mi amargura.
Pero tú no te reirás
de mi fracaso,
y aunque es muy lenta
muy lenta
mi carrera, te juro
que no llegaré primero,
pero sí dejo huella
en cada paso.

Te dedico este soneto
a estas horas de la noche,
poder decir sin reproche
que no me he quedado quieto.
Te regalaré la Luna,
como joya que es preciosa
no tiene envidia a la rosa,
yo sí que tengo fortuna.
Mi mirada al contemplarte
te trata con el cariño
que quisiera acariciarte.
Luna, eres arte,
yo siempre seré ese niño
que siempre quiso tocarte.