Era fuente de deseo
la boca donde veía,
el paisaje era un paseo
y los besos que caían
revolotean en el suelo.
Como dulces pajarillos
se enlazan eternamente,
parecemos dos chiquillos,
no nos importa la gente
cuando allí brota el cariño.
Tu mirar era una hoguera
y la brasa que surgía,
aun siendo la vez primera,
no quema, mas me atraía
y el corazón que latía
de mi boca salía
para que tú lo cogieras.
Cuídalo como tú debes,
un regalo tan preciado,
acuérdate cuando bebes
que aquello que es regalado,
que es de verdad y se mueve
no es juguete ni ilusión,
es mi vida, compañera,
no entres en la confusión
de guardarlo en la nevera
pues se congela el amor.
Pero yo sé, vida mía,
que tú eres esa prosa
con la carita de rosa
que en tus sueños yo dormía.
Cuando yo desperté
a tu lado estaba casado,
a nuestro lado un bebé
lloraba constantemente,
mira el tiempo que ha pasado,
dos corazones latentes,
unidos por la pasión.
Y es que llevas razón,
que mi sino era quererte.

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Oh, bella estrella
que brillas en el cielo permanente,
arrimándote al presente
de uno y otro continente,
sabiendo que maravillas.
Es tu luz omnipotente,
que tan lejos enamoras
por más que pasen las horas,
sigue mirando la gente.
Eres un don de belleza
que ilumina nuestro cielo
y con mis pies en el suelo,
yo tengo la gran certeza
por ser lejano tu vuelo.
La Luna que es pizpireta
contigo quiere jugar,
no existe ningún lugar,
aunque te quedes muy quieta,
que no te pueda buscar.
Quiere ser tu compañera
en esta noche apagada,
que ilumines su mirada
en ese tiempo de espera
que llega de madrugada.
Susurrándote a lo lejos,
quiero escuchar lo que dice,
yo no entiendo de matices
pero he escuchado un te quiero,
y si los dos sois felices,
sigue a su lado, lucero.


No quiero quedar en el olvido,
por eso cada día quiero más,
si algún día sientes que me he perdido
no pienses en jamás.
Simplemente disfruta
de lo que hemos vivido,
dibuja una gruta
busca lo prohibido,
pero nunca dejes de soñar.
En cada momento
siente que estás vivo,
cada bocanada de aire que respiro
siempre es una mañana para despertar.
Contemplar tus ojos dormidos
escuchar tu paz en cada latido
y saber que has compartido
cada minuto de tu vida conmigo.
Gracias por tus caricias
por todo mi cuerpo,
al que haces estremecer
descubriendo que no estaba muerto,
que un nuevo amanecer
borra un espejismo del desierto.
Cuánto tiempo estuve pasando sed,
teniendo tu boca
con sus labios abiertos,
la única fuente para beber
en este placentero momento.
Una vida, un suspiro,
gracias por haberte conocido.

Hoy escribo estos versos
preso de mi mentira,
sin pensar en el secreto
que ellos pueden guardar.
No pensé en el momento
que estallara la ira:
no soy de recibir,
soy más hombre de dar.
Qué tengo para darte,
me preguntas, muchacha;
pues ahora mismo nada,
simplemente el mirar.
Pero si tú me miras,
verás en mi mirada
aguas limpias y claras,
fluyen de un manantial.
Si tus labios quisieran
beber de estas mis aguas
y apagarte la sed
que tienes de verdad,
comprenderías del todo
que te daría mi vida,
es solo lo que tengo:
no puedo darte más.
Pero mi vida es eso,
vivir contigo un reto,
y moriré contigo
guardando tu secreto.
Y soñaré las horas
para volver a verte.
Y buscaré en la noche
tentándole a la suerte,
porque eres esa musa
que aclara mi conciencia,
que invade de fragancia
la dulce habitación.
Nunca serás intrusa
de esta mi cabecera,
porque llenas de luz
hasta un mero rincón.
Por eso eres la amiga
que tanto necesito,
esa rosa preciosa
que adorna mi jardín,
y con un solo grito
que salga de tu boca,
iré corriendo a ti.

Soy hombre que,
descontento,
no quiero mirar de frente;
en el paso de la gente
el murmullo ni lo siento.
Cambié mi mundo por gloria,
un camino polvoriento
donde a veces voy sediento,
pero es parte de mi historia.
En mi memoria grabada
perpetúa esta tu sonrisa,
cada día menos deprisa
la mecha sigue apagada.
Rebusco por los rincones
un resquicio de mi vida
porque todo no se olvida
cuando se tienen razones.
Por eso sigo soñando
en que llegue esa mañana,
y yo me arranque esa cana
que me estaba molestando.
Por eso te guardo siempre
y te avivo con pasión,
y no pierdo la ilusión
de poder volver a verte
dormida en mi corazón.

La casa, la parra, la viña,
la tierra, al fondo la sierra
bonita y callada.
Un montón de paja, 
la leña apilada,
un pico, una pala, un hacha olvidada.
Un pozo, un cubo oxidado,
una soga rota, un viejo arado.
Un manzano solo,
un almendro al lado,
un peral desnudo,
un rosal podado.
Al fondo una cuadra,
ronronea un gato,
rebuzna un burro,
picotea un pato.
Una oveja sola, un caballo flaco,
una vaca gorda comiendo de un saco.
Pienso, mucho pienso,
harina y buen grano,
mira si son tiernos:
comen de la mano.
Todo es un tesoro, lo dejó mi abuelo,
también dejó un loro
que baila en el suelo.
Me dejó el paraje,
también dejó el viento,
que a mí me susurra
en todo momento.
Todo son recuerdos
de su propia vida,
dame lo que quiero,
pida lo que pida.
En su mecedora 
me quedo sentado,
sintiendo que, a veces,
se sienta a mi lado.

Recuerdo aquella casa,
recuerdo aquella mirada
que aún en el paso del tiempo
sigue grabada en el alma.
Recuerdo las callejuelas,
la puerta, la entrada,
los jardines con sus rosas,
aquella calle empedrada.
El muro que salté tanto,
sin miedo a que tropezara
y si alguna vez caí,
yo solo me levantaba.
Donde aprendí a ser niño,
en las calles que jugaba,
con barro, palos y piedras
o todo lo que encontraba.
Buscábamos lagartijas,
jugábamos a batallas,
hacíamos de sabandijas
y le echábamos agallas.
Aprendimos los valores
el respeto y la palabra,
respetábamos las flores,
escuchamos a quien habla.
Ahora nos queda la esencia
de una infancia disfrutada,
de un esfuerzo consentido,
de una huella en la pisada.