Viviré,
aunque me lo pongas
tan difícil y me hieran
tus cartas mis adentros,
juro y te juro por momentos
que aunque me cueste,
seguiré sonriendo.
Una lágrima mía será lluvia
que recorra mi cara
paso a paso,
y si hay que beber
llenaría un vaso,
para apagar la sed
de mi amargura.
Pero tú no te reirás
de mi fracaso,
y aunque es muy lenta
muy lenta
mi carrera, te juro
que no llegaré primero,
pero sí dejo huella
en cada paso.

Te dedico este soneto
a estas horas de la noche,
poder decir sin reproche
que no me he quedado quieto.
Te regalaré la Luna,
como joya que es preciosa
no tiene envidia a la rosa,
yo sí que tengo fortuna.
Mi mirada al contemplarte
te trata con el cariño
que quisiera acariciarte.
Luna, eres arte,
yo siempre seré ese niño
que siempre quiso tocarte.

No hay rosa en un jardín florido
que no sea admirada por la gente,
que murmulla a su lado la fuente
reflejando en su agua el colorido.
Eres celestial, diosa de colores,
que engalanas la reja donde posas,
maravilla disfrutar de tantas rosas
invaden mi nariz con sus olores.
Como corteja el galán,
con una rosa a su amada
en los tiempos de Don Juan.
Aunque la rosa arrancada
cual la fuerza de un imán,
va atrayendo tu mirada.

Si pudiera decirte
lo que siento,
amada mía,
de verdad que lo sintiera
que tanto tiempo
tan largo de espera,
enfría el aire
y se convierte en viento.
Las palabras que callan
mueren sordas, pero mi amor,
que siento si te miro
no dejar escapar este suspiro,
aunque con tu mirada
me desbordas.
Que diera por decirte yo
un te quiero,
pagarlo con mi vida
simplemente, y no
tenerlo que pagarlo
con dinero.
Se siente el murmullo
de la gente.
Si sabe que yo
llegué primero,
entonces por qué miente.

Recuerdo tu mirada incandescente
penetrando en mi cuerpo introvertido,
de tu boca se escapa un alarido,
calla o nos descubrirá la gente.
Dentro de este zaguán descolorido
el amor ganaba la batalla,
el corazón por segundos estalla,
sentirte es lo vivido.
Los besos se escapan de tus labios
como cual mariposas van volando,
acarician mi piel, la van tocando,
quiero pedir consejo a aquellos sabios
por no poder parar este deseo,
parece que el amor se me desboca,
no puedo soltarme de tu boca,
quizás pueda pensar que esto esté feo…
pero así es el amor que te trastoca,
llegando los dos a la locura
contemplando desnuda tu hermosura,
¡viva la vida loca!

La casa, la parra, la viña,
la tierra, al fondo la sierra
bonita y callada.
Un montón de paja, 
la leña apilada,
un pico, una pala, un hacha olvidada.
Un pozo, un cubo oxidado,
una soga rota, un viejo arado.
Un manzano solo,
un almendro al lado,
un peral desnudo,
un rosal podado.
Al fondo una cuadra,
ronronea un gato,
rebuzna un burro,
picotea un pato.
Una oveja sola, un caballo flaco,
una vaca gorda comiendo de un saco.
Pienso, mucho pienso,
harina y buen grano,
mira si son tiernos:
comen de la mano.
Todo es un tesoro, lo dejó mi abuelo,
también dejó un loro
que baila en el suelo.
Me dejó el paraje,
también dejó el viento,
que a mí me susurra
en todo momento.
Todo son recuerdos
de su propia vida,
dame lo que quiero,
pida lo que pida.
En su mecedora 
me quedo sentado,
sintiendo que, a veces,
se sienta a mi lado.

Palomita, no te pares.
Vuela, vuela sin cesar
que ya te queda poquito
para tu casa llegar.
Vas cansada y sin aliento
y te va empujando el viento,
ayudante que es leal;
no te asusta la carrera,
ni dejas de pelear.
Con tus alas abiertas
vas abriendo todas las puertas
que te puedes encontrar,
eres ave temerosa
muy poquito caprichosa,
perseverante y tenaz.
Ya llegaste a aquella rama
que a ti te sirve de cama
para poder descansar,
y te llaman tus polluelos
con un enorme revuelo:
ya llegó nuestra mamá.